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Érase que se era
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Eramos una vez un grupo de nueve o diez que coincidía cada noche: una suerte de sueños que hacían cuadrilla, unos buenos muchachos riendo juntos. Érase que se era una vez...
Por esa época se amaba tanto, qué sé yo: ¡qué época tanta de amores! Desfilábamos juntos, se hacían poemas, y las calles que buenos gustos tenían. Érase que se era una vez...
De uno en fondo pasábamos por la misma canción: era uno, eran dos, eran tantos qué sé yo, pero era bonito mirarnos, vernos sufrir. Érase que se era una vez...
Era imposible pasar un sólo día sin morir, sin gritar, sin reír, sin comprender, sin amar. Qué desastre de gente que no podía estar en paz. Érase que se era una vez...
Yo no sé si fue el tiempo que lo vuela todo, o si fuimos nosotros detonando el tiempo, pero nos fragmentamos como una granada. Érase que se era una vez...
Yo no sé si ha llovido una lluvia que moje cada esquirla en el sitio en que haya caído, si hay guardada una tarde común en el tiempo. Érase que se era una vez...
Yo no sé si ha servido de algo o de nada que haya habido pasado y que quede recuerdo. Yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo. Érase que se era una vez...
(1969)
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Martianos
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Yo soy un grano de arena, una hoja más en un árbol y cada ola me enseña y cada brisa trae algo.
No he visto todas las tierras, no he visto todos los mares, pero he sentido la guerra silbando por todas partes.
Cuando nací me dijeron: naciste por la esperanza. Así le digo a mi hijo y parto hacia la matanza.
Quiero que pare la muerte, yo quiero que pare el frío para poder dedicarme a flor, a viento y a río.
El mundo me dio las manos, dos reinos que hacen suerte. Llevo una flor en la diestra que es el reino de la muerte.
De amor yo vivo y de espada, de boca y puertas abiertas. Hay que vivir de una bala. Hay que morir de una fiesta.
Qué duras son esas noches en que queremos ser buenos y hay que matar sollozando y hay que morir sonriendo.
(1969)
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Después que canta el hombre
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Después que canta, el hombre queda solo, solo en la soledad de su cabeza, solo en la soledad de las butacas y una mortaja de aire hace silencio. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
Después que canta el hombre queda solo, pues cada uno regresa a sus pisadas. Le dejan las palabras en la alfombra. La hora de la palabra fue la escena. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
Después que canta, el hombre queda solo, sobreviviendo a igual incertidumbre. Pero de nuevo ordena sus conciertos como un ágel postizo que insistiese. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
(1969)
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El matador
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Siento un hilo profundo que atraviesa el espacio -de tiempo en tiempo llega despacio-. Siento olor de llanuras llenas de peregrinos -la llanura se llama camino-.
Siento de pronto el gusto de un raro mineral, me siento a veces hombre y muchas animal. Se confunde el deseo de calentar la piel con rugidos lejanos que recuerdan mujer.
Y en una playa angosta caen del cielo estas reminiscencias de veneno. Yo no sé, pero hay días sin reposo que lo que tenga cerca lo destrozo muy primitivamente, casi salvajemente, con odio, con desprecio, con rencor, con palabras hirientes, con garras y con dientes, con rabia, con violencia, con horror.
Le he cantado a la muerte como nadie con vida, mas yo dijera siempre: querida. Junto a cada palabra hay cuerpos de millones y los maté yo mismo: perdonen.
A veces se me olvida que mato por vivir y olvido los entierros y no quiero dormir. El día que me acusen no me defenderé: esta culpa es muy vieja, de todos la heredé.
Y en una playa angosta caen del cielo estas reminiscencias de veneno. Yo no sé, pero hay días sin reposo que lo que tenga cerca lo destrozo muy primitivamente, casi salvajemente, con odio, con desprecio, con rencor, con palabras hirientes, con garras y con dientes, con rabia, con violencia, con horror.
(1970)
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El dia en que voy a partir
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No te muevas. Quiero conservar este instante así, tú junto a la ventana como a contraluz, yo echado en el lecho, queriendo mirar los ojos profundos del sol detrás de tu cuerpo feliz desnudo, desnudo, ya es el día en que voy a partir.
No te muevas. Si puede estar quieta la felicidad, si puede volverse de piedra el amor, convierte en estatuas los días y el mar. Quizás te comprenda mejor o al menos conforme ya esté repleto de piedras sin ser, el día en que voy a partir.
No te muevas. Y dime si es hora de irse a dormir. Mañana me espera un sabor de mujer. Lo tengo guardado en los ojos, y sé que un beso muy frío será, el beso que no me darás, las noches los días, después del día en que voy a partir.
(1969)
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La cancion de la trova
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Aunque las cosas cambien de color, no importa pase el tiempo, las cosas suelen transformarse siempre al caminar. Pero tras la guitarra habra siempre una voz mas vista o mas perdida por la incomprension de ser uno que siente, como en otro tiempo fue tambien
Hay tambien corazones que hoy se sienten detenidos. Aunque sean otros tiempos hoy, y mañana sera tambien: se sigue conversando con el mar.
Aunque las cosas cambien de color, no importa pase el tiempo, no importa la palabra que se diga para amar, pues siempre que se cante con el corazon habra un sentido atento para la emocion de ver que la guitarra es la guitarra sin envejecer.
(1967)
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Que levante la mano la guitarra
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Sufrir, ¿que forma tiene, que cabeza? Al dolor, ¿que matices lo acompañan? ¿Con que ojos nos busca la tristeza? ¿De que color pinto su paz extraña? ¿Como camina la tristeza?
Hable quien conozca su patria. Quien la define, donde vive, ¿que mujer tuvo esas entrañas? ¿Que quiere de nosotros nuestra sombra?
Que levante la mano la guitarra.
(1968)
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Nunca he creido que alguien me odia
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Nunca he creido que alguien me odia, aunque me hallan querido matar. Tras mis asesinos se esconde otra fuerza que si es mi enemiga mortal. Todos los tipos de muerte hacen cola ante mi puerta esperando su hora. El instrumento es quien cambia de rostro, pero yo se que hay un unico odio.
Se que todas las palabras con que le canto a la vida vienen con muerte tambien. Se que el pasado me odia y que no va a perdonarme mi amor con el porvenir. Por eso manda verdugos con todos los uniformes mi asesino es el pasado, aunque con mano de hombre.
Siempre que un hombre le pega a otro hombre no es al cuerpo al que le quiere dar. En ese puño va el odio a una idea que lo agrede, que lo hace cambiar. Cuando lo quieto se siente movido todo cambia de sentido. Y en la medida en que todo acelera sigue cambiando la esfera.
Siempre tendre un enemigo con el semblante arrugado y mas cansado que yo. Los que a lo largo de su sombra quieren cortar la medida de toda revolucion. Y ya se dijo que es mas grande, que el mas grande de nosotros. Y ya se dijo que se hace para otros.
(1972)
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Oda a mi generación
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A los veintisiete días de mayo del año setenta un hombre se sube sobre sus derrotas, pide la palabra momentos antes de volverse loco. No es un hombre, es un malabarista de una generación. No es un hombre, es quizás un objeto de la diversión, un juguete común de la historia con un monograma que dice bufón. Ese hombre soy yo.
Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado y que no volveré. Es por eso que un día me vi en le presente, con un pie allá, donde vive la muerte, y otro pie suspendido en el aire, buscando un lugar, reclamando tierra de futuro para descansar. Así estamos yo y mis hermanos, con un precipicio en el equilibrio y con ojos de vidrio.
Ahora quiero hablar de poetas, de poetas muertos y poetas vivos, de tantos muchachos hijos de esta fiesta y de la tortura de ser ellos mismos, porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel, que vivirle a la vida su talla tiene que doler. Nuestra vida es tan alta, tan alta que para tocarla casi hay que morir, para luego vivir.
Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento pues no tengo culpa, pero hubiera querido poderme jugar toda la muerte allá, en el pasado, o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar. Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar. Sé que hay que seguir navegando, sigan exigiéndome cada vez más hasta poder seguir o reventar.
(1970)
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Todo el mundo tiene su Moncada
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Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la muerte. Menos mal que existen los que no miden que palabra echar, ni siquiera la última.
Se arriman a la noche y al día y sudan si hay calor y si hay frío se mudan.
No esperan echar sombra o raíces pues viven disparando contra cicatrices.
Escuchan se proyectan y lloran debajo de sus huellas con tanto trabajo.
Se mueren sin decir de que muerte sabiendo que en la gloria también se está muerto.
Menos mal que existen menos mal que existen menos mal que existen para serlo.
Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la historia.
Menos mal que existen los que no dejan de buscarse así ni siquiera en la muerte de buscarse así.
(1968)
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No aparezcas más sin avisar
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No me escribas más sin avisar, no me escribas más de cosas que no vuelven, no me escribas más así que me abandono, no me escribas más, si después no vuelves, no me escribas más, si después no vuelves.
No me digas más lo que pasó, no me digas más que me enseñaste un río, no me digas más que me suenan los dientes, no me digas más que ya tengo frío, no me digas más que ya tengo frío.
No te quiero ver sin corazón, no te quiero ver como una cosa más, no te quiero ver de nuevo brevemente, no te quiero ver y después llorar, no te quiero ver y después llorar.
No aparezcas más lejos de mí, no aparezcas más, que tu sombra de palma, no aparezcas más, que siempre me derrumbas, no aparezcas más, tengo con tu fantasma, no aparezcas más, tengo con tu fantasma.
Déjame cantar, como cante, déjame cantar, dame un poco de tiempo, déjame cantar fuera de tus fronteras, déjame cantar a los cuatro vientos, déjame cantar como si no te viera.
(1970)
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Más de una vez
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Más de una vez me han echado a la calle por reír donde debo estar llorando, por llorar donde debo estar riendo, por callar donde debo estar hablando, por hablar donde debo estar callado, por hablar en voz baja de la fe, por hablar en voz alta del amor.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solemne quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle por no sentir respeto por las flores, por derramar comida en los manteles, por darle de mi alcohol a algunos niños, por desnudar deprisa a mis mujeres. Más de una vez no tengo diversión: más de una vez no tengo invitación.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solemne quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle por correr donde duermen los enfermos, por fumar en los palcos del teatro, por hacerle una mueca a mi maestro, por llevar la cicuta en el bolsillo desde que iba al colegio con un perro, desde que me rompían la cabeza por hablar demasiado del horror y decirle asesino a un pescador.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solemne quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
(1969)
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Palabras
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Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento, cuando venga del polvo la ciudad destruida, que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto, que alguien diga algún verso a su espacio de vida.
Puede ser que sus restos no se distingan en la ciudad, que la perfección de la piedra no luzca piel. Puede ser que su sangre no mueva una astronave, puede ser que sus huesos no sirvan para torres, puede ser que una estrella brille más que su voz. Ha pasado que el llanto se convierte en palabras, ha pasado que un hombre se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel.
Cuando la muerte sea inalcanzable y rara, cuando un mohoso grillete repose en la vitrina, que se dé a cada hijo una flor y una bala, que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.
Se sabrá que este ir y venir de piedras no se quedó, que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad. Fijaremos con clavos las ventanas, los sueños, los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo, las guitarras, las sillas, las piedras y el amor. Porque ha pasado que historia se convierte en palabras, ha pasado que el mundo se convierte en palabras, ha pasado que todo se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel.
(1970)
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Terezín
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Una pesadilla blanca de chimeneas quemando sangre para hijos de Judea con rara estrella y rostro de hambre.
En invierno y verano es igual tras alambres no hay estación. Terezin de los niños jugar con la muerte común mientras pintaban el cielo azul, mientras soñaban con corretear, mientras creían aun en el mar, y los llevaban a caminar para no regresar.
Terezin, pelota rota.
Sed de tardes ya increíbles saltaron locas las altas tapias, y el amor, irreductible, quedo colgado en alambradas de Terezin.
Terezin, pelota rota
(1968)
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Judith
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A Joaquin que se la gano
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No puedo dejarte de ver arañando el silencio con tus ojos, tratando de decir algo algo que las palabras nunca hubieran dicho mejor. Aquella mirada era el resumen de la noche posada en tus ojos, con su lluvia, su viento y tu miedo al mar de aquel sueño que te conté.
No puedo dejarte de ver describiendo una estrella descubierta por mi en tu erótica constelación, que no cabe en los mapas del cielo. Tu mano, dibujando en el aire, era capaz de ponerle color al espacio vacío, que se llenaba con la luz de la estrella brillante.
Cuida bien tus estrellas, mujer, cuida bien tus estrellas.
No puedo dejar de decir que hay idiomas perfectos por descubrir y que son olvidados frecuentemente en el tedio del tiempo. Y que hay que buscarlos, porque los barcos y las piedras tienen abecedarios mejores para demostrar que son bellos sencillamente, sin palabras o esquemas.
No puedo dejar de decir que esta triste canción a tu lado oscurece, que quizá este sea el ultimo misterio que mirarán tus ojos nacer de mis manos pues es tarde quizás para mi y Cain me ha marcado sobre la frente. Pero quiero alertarte de un gran peligro y quisiera encenderte esta frase en la mente:
Cuida bien tus estrellas, mujer, cuida bien tus estrellas y que nunca las pierdas
(1969)
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Una mujer
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Una mujer Una mujer Una mujer con cristales de mar Viaja dentro de mí coloreando mi sangre Quitando el carbón Que ha tapado mi buen corazón Que ha tapado mi buen corazón
Una mujer Una mujer Una mujer Que no es celestial Sobre un potro partió Hacia todos los pueblos Que habitan en mí Y ha tenido un camino feliz Y ha tenido un camino feliz
Pobre de mí Pobre de ti Pobre de todos los que amen así Sobre un potro que vuela Añorando barrancos Tan cercanos que lucen mortajas De blanco
Pobre de mí Pobre de ti Pobre montura que cuelga el amor Sobre tantos desastres y canciones Y mangos sobre tanta cansada emoción Qué desgaste
Una mujer Una mujer Una mujer no esperada por mí Cabalgando llegó A cavar en mi tierra Su nombre y canción Y a soltar bajo fianza el amor Y a soltar bajo fianza el amor
(1969)
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El papalote
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Será por tu vivienda hecha de ruinas y de misterios, porque partías la roca para ganarte un par de medios, o por tus tirapiedras, los mas famosos de la loma, de la mejor horqueta de la guayaba, y duras gomas. Será por todo esto que mi memoria se empina a ratos, como tus papalotes, los invencibles, los más baratos; y te levanta en peso, Narciso el Mocho, para ponerte entre los elegidos: los que no caben en la muerte.
El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó
Una vez de tus manos un coronel salió brillando. Qué pájaro perfecto, cuántos colores, qué lindo canto. Ninguno de nosotros iba a volarlo ya se sabía era un encargo caro del que mandaba, del que tenía. Llevabas en el puño aquel dinero de la tristeza, dinero de aguardiente, del sol de Cuba, de la cerveza; y te seguimos todos a celebrarlo sucios y locos: para ti Carta Oro y caramelos para nosotros.
El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó
Una noche respeto bajó y te puso bella corona. Respeto de mortales que muerto al fin te hizo persona pobre del que pensó pobre de toda, aquella gente, que el día mas importante de tu existencia fue el de tu muerte.
El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó.
(1972)
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Fusil contra fusil
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El silencio del monte va preparando un adiós. La palabra que se dirá in memoriam será la explosión.
Se perdió el hombre de este siglo allí, su nombre y su apellido son: fusil contra fusil. Se quebró la cáscara del viento a sur y sobre la primera cruz despierta la verdad.
Todo el mundo tercero va a enterrar su dolor. Con granizo de plomo hará su agujero de honor, su canción.
Dejarán el cuerpo de la vida allí, su nombre y su apellido son: fusil contra fusil. Cantarán su luto de hombre y animal y en vez de lágrimas echar, con plomo llorarán. Alzarán al hombre de la tumba al sol y el nombre se repartirán: fusil contra fusil.
(1968)
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Hoy es la víspera de siempre
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Hoy es la víspera de siempre, los días, eternamente no me dejan definir. Y siempre estoy como esperando que cuando, al fin, pase algo aún me quede por decir, por sentir, por retener, un pedazo siquiera de mí.
¡Qué tal, tú! Hoy es la víspera de siempre. Da igual, hoy ha salido el sol por ese lugar en que suele aparecer.
¡Qué tal, tú! Es delicioso conocerte y me da igual verme de pronto en un recodo, y total, volver a desaparecer.
¡Ay, la vida! que se llena de instantes, que se llena de gentes, que se llena de igual.
¡Ay, la vida! con su víspera muda, con su infancia desnuda con su ocaso fugaz.
(1968)
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Por muchos lugares
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Por muchos lugares pasaba la historia. Tu leías a Whitman, con estilo triste. Tus alrededores ya estaban poblando de sed las palabras que usaste esta tarde. Entonces ya estaban previstos tus gustos: cada vieja fecha posee esas artes.
Por eso no es raro que muchos no entiendan, pues muchos supimos de los mismos rumbos. Por eso no es raro que nadie domine la riendas de todos sus mundos.
Por muchos lugares pasaba la historia. El antiguo Egipto ya nos condenaba. Todos conspiraron para reprimirnos y como las lluvias vinieron las guerras. Y el tiempo ha llorado detrás de estructuras, pues nada se salva del orden perfecto.
Por eso no es raro que muchos no entiendan, pues muchos supimos de los mismos rumbos. Por eso no es raro que nadie domine la riendas de todos sus mundos.
Por muchos lugares pasaba la historia. Ya cada palabra era una duda y elegir la clave de cada conciencia. y a ti tan pequeña y resumen del mundo, todo te tenia que arder cuando viste moros en las costas de cada palabra.
Por eso no es raro que muchos no entiendan, pues muchos supimos de los mismos rumbos. Por eso no es raro que nadie domine la riendas de todos sus mundos.
Por muchos lugares pasaba la historia. El mundo era un vasto sembrado de huesos y las hortalizas un día crecieron nutridas del jugo vital de los cuerpos y supe que escombros regados por tierra pueden fecundarle mañana la entraña.
Por eso no es raro que muchos no entiendan, pues muchos supimos de los mismos rumbos. Por eso no es raro que nadie domine la riendas de todos sus mundos.
(1968)
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Cuántas veces al día
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¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre? ¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes? ¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre? ¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
No busquen más alrededor. Ustedes son, no busquen más. No es el de atrás, ustedes son. No es el de al lado, no, eres tú mismo, sí, el que sonríe bien, el que sabe callar.
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte? ¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida? ¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes? ¿Qué silencio asesino nos llena la barriga? ¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
(1968)
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El barquero
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Un buen día quizás un barquero se lanzo tras el mar del recuerdo Era un barco pequeño en el tiempo pero había fe, pero había un raro esplendor en sus ojos, pero había un místico afán de por que, pero había fe.
Una dársena es solo una entraña; mar de invierno es tal vez la mañana; barco chico es quizás alma clara; y aunque haya fe, y aunque haya un flujo de amor en mi frente, tanto se hunde mi rostro en la gente, que ya no se.
Ya me canso de tanto hablar, si esta dicho todo hasta el fin. Que mas ruido que el de escuchar de la vida, todo el trajín. Tanto espacio entre mi voz y el oído que ha de esperar. Nada tengo que decir yo miren todo y me escucharan.
Un buen día quizás un barquero se lanzo tras el mar del recuerdo De su barco, entre grito y silencio aun no se sabe cual de las tantas ha sido su suerte: si hallo la vida o se fue con la muerte o simplemente se perdió.
(1968)
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Discurso fúnebre
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Ayer mataron a un lobo en la puerta de mi casa con la cabeza vencida sobre la acera soñada.
Observaba la bodega donde peleaba y dormía, con la pupila vidriosa miraba pasar el día.
Y los niños de su mundo hablaban en voz muy baja de su mirada.
Para el resto de la tierra allí había un perro muerto, un perro que en unas horas estaría descompuesto.
Había que limpiar la acera de aquella mancha oscura. Para el resto de la tierra un perro muerto es basura.
Pero los niños jugaban y volvían a su lado siempre callados.
Lobo, yo sí te recuerdo echado al camino con el sol curándote el lomo deshecho. Te andará la noche batallando con tus enemigos.
Lobo, yo sí te recuerdo, yo también sabía dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño. Para esos asuntos no he crecido mucho todavía.
Cómo no iba a recordarte si estás ahí desde mi niñez en un paisaje diferente pero igual, si a todos nos pasó una vez
Cómo no iba a recordarte si tu misterio es más feliz que muchas cosas que tenemos que contar a costa de una cicatriz, como de un hierro caliente que deja la memoria ardiente sin la nobleza de tu muerte y sin un beso con más suerte que no sea la de maldecir.
(1971)
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Epistolario del subdesarrollo (o No tengo que cerrar los ojos)
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No No tengo que cerrar los ojos para ver Para ver aquella tarde en que Noel y yo cantábamos Y nos interrumpían pidiéndonos Canciones de Manzanero
No No tengo que cerrar los ojos para ver Para ver las servilletas del Hotel Nacional Decorando el Congreso Cultural Que las pusieron lindas casi psicodélicas y todo Pero ahora se han descosido Las puntas y ya no es fresco comer ahí
No No tengo que cerrar los ojos para ver Para ver las medias de hilo tan mal hechas Que se hacen las muchachas Que no pueden ir a Londres a comprarlas
No No tengo que cerrar los ojos para ver Para ver a los pobres muchachitos Que arreglan como pueden sus pantalones Y los convierten en campanas Sordas o sórdidas
No No tengo que cerrar los ojos para ver Lo mal que tiñen nuestros tintes Que se le caen de la ropa a las muchachas De cintas que quisieran ser tan brillantes Como el eastman-color Porque quien que haya visto Juega de masacre no ama el color para siempre
No No tengo que cerrar los ojos para ver No tengo que cerrar los ojos para ver Lo que es nuestra moda a go-go Nuestros peinados Nuestros estilos de bailar siempre a la Retaguardia de cualquier extranjero
No No tengo que cerrar los ojos para ver No tengo que cerrar los ojos para ver Que nuestros jóvenes Quieren esas cosas Que para verlas tengo que cerrar los ojos Y pensar el futuro No tengo que cerrar los ojos para ver No tengo que cerrar los ojos para verlos Ahora a ustedes apenas dentro del pequeño espacio De mi guitarra rompiéndose el alma y las manos Para vivir en un país de buenas servilletas Pantalones de campanas sonoras Y colores que hagan palidecer a Europa A Europa misma, sí A Europa ¡No tengo que cerrar los ojos para ver!
(1968)
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Si tomamos en cuenta que cuando grabe mi primer disco llevaba al menos 10 años componiendo, Erase que se Era no es más que mi insistencia en reparar un vacío; un pago mas de mi deuda con la acumulación de experiencias que me llevo hasta Dias y Flores. A aquellos años provocadores; a la diversidad que nos hizo; a mi soñadora, contradictoria y entrañable generacion dedico estos aprendizajes. Lleguen además con infinito amor hasta Aída Santamaría y Noel Nicola, seres rotundamente inolvidables.
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