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El hombre extraño
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Era extraño aquel hombre, o por tal lo tomaron, porque besaba todo lo que hallaba a su paso. Besaba a las personas, al perro, al mobiliario y mordía dulcemente la ventana de un cuarto.
Cuando salía a la calle le iba besando al barrio las esquinas, aceras, portales y mercados, y en las noches de cine (también las de teatro) besaba su butaca y las de sus costados.
Por estas y otras muchas los cuerdos lo llevaron donde nadie lo viera, donde no recordarlo, y cuentan que en su celda besaba sus zapatos, su catre, sus barrotes, sus paredes de barro.
Un día sin aviso, murió aquel hombre extraño y muy naturalmente en tierra lo sembraron. En ese mismo instante, desde el cielo, los pájaros descubrieron que al mundo le habían nacido labios.
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Dos historias
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Los dos fueron extranjeros en una misma ciudad. Los dos fueron la verdad que para el otro hizo fuego.
Los dos cantaron los nombres de los sublimes ardores. Los dos regaron con flores la mejor rabia del hombre.
Se conocieron en años jóvenes de la promesa. Los dos llenos de sorpresas para sufrir menos daños.
Después, bien juntos, se fueron cada cual a sus memorias como eran dos historias, ambas tenían derrotero.
Los dos mataron a pelo los días que más amaron y como prueba dejaron besos en un aguacero.
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Versos de guardia
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Un poema voló de madrugada por sobre la ciudad, enamorado, rozándome la frente de pasada y dejando una voz a mi cuidado.
Pajarito cantor de vieja noche: tráfico de un deber y mil senderos: página misma en la que cabe un broche y un cotidiano hacer de compañeros; Tiempo de una canción desabrigada; autos, horas vigilia que reseño; gatos a los que cuento que mi empeño en esta soledad con madrugada, es un poema que te vela el sueño.
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Voy y no es todo
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Cuando quiero beber voy y no es sed.
Cuando quiero soñar, voy y no es nube.
Cuando quiero llorar voy y no es muerte.
Cuando quiero vivir, voy y no es todo.
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El día que no importaba
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Mi peor día en el mundo, no fue el que tú me dabas el día peor, inmundo fue el día que no importaba.
Ese día quedé ciego, inválido, mudo, yerto sin insultos y sin ruegos sin estar vivo ni muerto.
Si alguna vez tienes día cela tu propio sentido, porque la luz se vacía en la aurora del olvido.
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Parte del tiempo (nuevo)
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El nuevo tiempo trae nuevas cruces y resulta ser nuevo tiempo duro; tiempo de certidumbres, como luces que van nombrando el sol desde lo oscuro.
El nuevo tiempo exige su alimento con menos humo sobre nuestras calles, homosexuales por el firmamento y ballenas felices en sus valles.
El nuevo tiempo se simula encueros pintándose la piel sobre el vestido. El nuevo tiempo no es un tiempo nuevo: es sólo tiempo, viejo conocido.
El nuevo tiempo espera por canciones que iluminen e inflamen desde abajo, pero no hay más hoguera en las razones que la vieja lumbrera del trabajo.
De nuevo un tiempo nuevo impugna dioses y quizá sobreviva a su cinismo, siempre que no termine en las atroces y amargas estaciones de egoísmo.
El nuevo tiempo planta su derecho humano y natural contra el absurdo y yo, con poca voz, pero de pecho, canto porque el derecho sea más zurdo.
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No basta
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Cuando te juegas bien (no sólo vida, sino buscando latitud y nombre), comienzas a ganar la gran partida lejos del animal, cerca del hombre.
No basta presentar el pecho al plomo; no basta enarbolar feroces lemas: la justicia azotar debe tu lomo hasta llevarte allá, donde más quema.
A veces defender a un compañero de la calumnia, es más que ir a la guerra. A veces la verdad de largo vuelo es lo más cotidiano de la tierra.
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Dices que la canción
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¿Dices que la canción va en mi bolsillo? Barbaridades tiene la ignorancia. Nunca llevo otra cosa que distancia, eco de un sol y un pájaro sencillo.
Acaso porté vértigo con brillo de los que falta por hacer y añoro. Ese es simple, pálido tesoro que no es metal y menos amarillo.
Este asunto no vale de querella y te voy a curar el desatino: una mujer me ha dado este camino: una mujer de solitaria estrella.
Te puedo asegurar que mi destino sólo es andar en el bolsillo de ella.
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