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Canciones Del Mar
Playa Girón
 

Compañeros poetas,
tomando en cuenta los últimos suceso
en la poesía, quisiera preguntar
me urge,
¿qué tipo de adjetivos se deben usar
para hacer el poema de un barco
sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia
o evidente panfleto,
si debo usar palabras como
Flota Cubana de Pesca y
«Playa Girón»?

Compañeros de música,
tomando en cuenta esas politonales
y audaces canciones, quisiera preguntar
me urge,
¿qué tipo de armonía se debe usar
para hacer la canción de este barco
con hombres de poca niñez, hombres y solamente
hombres sobre cubierta,
hombres negros y rojos y azules,
los hombres que pueblan el «Playa Girón»?

Compañeros de historia,
tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad, quisiera preguntar
me urge tanto,
¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?
Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?
¿Hasta donde debemos practicar las verdades?
¿Hasta donde sabemos?
Que escriban, pues, la historia, su historia,
los hombres del «Playa Girón»

(1969)

 
Por todo espacio, por todo tiempo
 

Cuando se duerman y sientan en sueños
que tocan a la puerta
como pidiendo entrar,
no se molesten, que acaso es mi sombra
que vaga algunas noches
buscando qué cosa amar.

Son a veces las seis,
y cuando sale el sol
yo me lo encuentro
y lo saludo
por aquí, por allá,
por mañana, por hoy,
por todo espacio, por todo tiempo.

Quién me halle entonces
me quitará frío
y no vale la pena
malgastar el calor:
soy distraído y mal agradecido
y mi frío se pega
y yo no sé,
mas da dolor.

Son a veces las seis,
y cuando sale el sol
yo me lo encuentro
y lo saludo
por aquí, por allá,
por mañana, por hoy,
por todo espacio, por todo tiempo.

Cuando yo pase y les toque a la puerta,
se entierran en la arena
como el avestruz.
Dejen que pase mi mala silueta
con su cañón despierto
y su velocidad de luz.

Son a veces las seis,
y cuando sale el sol
yo me lo encuentro
y lo saludo
por aquí, por allá,
por mañana, por hoy,
por todo espacio, por todo tiempo.

 
Las ruinas
 

Los caldeos, los asirios, la Roma del poder
supieron resumir mejor;
lo helenos, los egipcios, los hijos de Israel
ya estaban conversado del amor.
Hubo templos y ciudades sólo para adorar
el culto del alma y la piel;
hubo diosas seductoras y bosque para amar,
y hasta la guerra hubo por una mujer.

¿Qué te podría decir desde hoy?
¿Qué ceremonia podría venerar?
Siglos pesados como coliseos
aplastan cualquier invención.
Hay piedras, hay ruinas oyéndome hablar,
oyendo decir: te amo, te amo.
Palabras que han cruzado el desierto entre dos,
circundaron la tierra y volvieron del sol:
...te amo, te amo...

Después de pasado tanto, no puede importar
que ponga un dedo en el amor;
que me guste observarte a través del cristal
de un vaso dibujado con color.
Es lo que nos han dejado. Me debo conformar
con la simpleza de querer:
me dedico a poner flores alrededor de ti
y palmo a palmo a bendecir tu piel.

El siglo XX no da tiempo a más:
en su corriente se ahogan las ruinas.
Mas el torbellino se para a momentos,
y hay calma y hay contemplación.
Entonces las ruinas pueden escuchar,
pueden sonreír: te amo, te amo...

Cuelgan de las palabras
sargazos del mar.
Son cristales de la nieve y sabor de la sal.
...te amo, te amo...
Del polvo de las ruinas se levanta el amor:
polvo que se respira y de nuevo voló.

 
Ojalá
 
Cuenta Silvio: «Ojalá yo la compuse a una mujer que fue, podríamos
decir, mi primer amor. Fue un amor que tuve cuando estuve en el ejército, haciendo mi
servicio militar. La conocí cuando tenía 18 años, fue mi primer amor importante en el
sentido de que fue el primer amor que me enseñó cosas. Era una muchacha mucho más
evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta. Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo. Después nos tuvimos que separar, estaba
estudiando medicina y en fin, no le cuadró. No sé por qué estudió medicina, cosa loca
de ella, en realidad siempre fue de letras. Después estudió letras, se fue a su pueblo
Camagüey, a estudiar eso y yo me quedé solo aquí en la La Habana, totalmente desolado.
Pasaron los años y el recuerdo de aquel amor tan bonito, tan productivo, tan útil (ojo,
no confundir con utilitario), enriquecedor, de aporte a uno... pues, estaba obsesionado yo
con esa idea. Y porque fue un amor frustrado, tronchado por las circunstancias, por la
vida, no fue una cosa que se agotara, pues se me quedó un poco como un fantasma y por eso
compuse esta canción en un momento quizás de delirio, de arrebato, de sentimiento un
poco desmesurado: ojalá esto, ojalá lo otro...»

Ojalá que las hojas no te toque el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

(1969)

 
Resumen de noticias
 

He estado al alcance de todos los bolsillos
porque no cuesta nada mirarse para adentro.
He estado al alcance de todas la manos
que han querido tocar mi mano amigamente.
Pero, pobre de mi, no he estado con los presos
de su propia cabeza acomodada,
no he estado en los que ríen con solo media risa,
los delimitadores de las primaveras.

No he estado en los archivos ni en las papelerías
y se me archiva en copias y no en originales.
No he estado en los mercados grandes de la palabra,
pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente.
No he estado enumerando las manchas en el sol
pues sé que en una sola mancha cabe el mundo.
He procurado ser un gran mortificado
para, si mortifico, no vayan a acusarme.

Aunque se dice que me sobran enemigos,
todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto.
Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado.
He preferido el polvo así, sencillamente,
pues la palabra amor aún me suena hueco.
He preferido un golpe así, de vez en cuando,
porque la inmunidad me carcome los huesos.

Agradezco la participación de todos
los que colaboraron en esta melodía.
Se debe subrayar la importante tarea
de los perseguidores de cualquier nacimiento.
Si alguien que me escucha se viera retratado,
sépase que se hace con ese destino.
Cualquier reclamación que sea sin membrete.
Buenas noches, amigos y enemigos.

(1970)

 
Debo partirme en dos
 

No se crean que es majadería.
Que nadie se levante aunque me ría.
Hace rato que vengo lidiando con gente
que dice que yo canto cosas indecentes.

Te quiero, mi amor,
no me dejes solo.
No puedo estar sin ti
mira que yo lloro.

¿No ven?, ya soy decente:
me fue fácil.
Que el público se agrupe y que me aclame.
Que se acerquen los niños,
los amantes del ritmo.
Que se queden sentados los intelectuales.
Debo partirme en dos.

Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar
y no importa la suerte
que pueda correr
una canción.
Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar,
y no importa que luego
me suspendan la función.

Yo también canté en tonos menores.
Yo también padecí de esos dolores.
Yo también parecía cantar como un santo.
Yo también repetí en millones de cantos:

Te quiero, mi amor,
no me dejes solo.
No puedo estar sin ti
mira que yo lloro.

Pero me fui enredando en más asuntos
y aparecieron cosas de este mundo:
«Fusil contra fusil», «La canción de la Trova»;
y «la era pariendo» se puso de moda.
Debo partirme en dos.

Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar
y no importa la suerte
que pueda correr
una canción.
Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar,
y no importa que luego
me suspendan la función.

Yo quería cantar encapuchado
y después confundirme a vuestro lado
aunque así no tuviera amigos y citas
y algún que otro favor de una chica bonita.

Te quiero, mi amor,
no me dejes solo.
No puedo estar sin ti
mira que yo lloro.

No voy a repetir ese estribillo.
Algunos ojos miran con mal brillo
y estoy temiendo ahora no ser interpretado:
casi siempre sucede que se piensa algo malo.
Debo partirme en dos.

Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar
y no importa la suerte
que pueda correr
una canción.
Unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y sólo quiero decir,
sólo quiero cantar,
y no importa que luego
me suspendan la función.

(1969)

 
Al final de este viaje en la vida
 

Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.
Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.
Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol se dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin,
son Dios.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor.
Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza el camino,
otro buen camino que seguir descalzos
contando la arena.
Al final del viaje estamos tu y yo intactos.
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

(1970)

 
Jerusalén, año cero
 

De mano en mano se pasa la verdad
y en cada mano olvidará
algo de cierto y también se llevará
de cada mano el parecer.
Si camináramos calendario atrás,
todo estaría al revés.

Algunos dicen que es falso
y otros repiten que es cierto,
que entró en Jerusalén siendo de día,
se dice que su túnica era blanca,
que iba posada en sus ojos
un ave del mediodía.

Aquel fue tiempo de tumbas,
aquel fue tiempo de flautas,
de mercaderes, de Legión Romana.
Se dice que la chusma lo seguía
que en su palabra sencilla
se lavaba la mañana.

El Rey de los judíos,
el hijo de los hombres,
El Cristo, El Nazareno
lo llamaban.

Jerusalén año cero y se cambió
la suerte con lo que pasó.
Jerusalén, año cero y Nazaret
y el caserío de Belén.
Jerusalén año cero fue el lugar
donde ocurrió, o donde no.

Fue enemigo del Imperio
y amigo de la palabra,
decía que todo era para todos:
se dice que enseñaba a los pastores
a compartir las ovejas
y a cuidarse de los lobos.

Tanta enseñanza hizo ruido
en el poder de los templos
y en la madera lo clavaron recio.
Se dijo que por mago o hechicero,
pero si la historia es cierta
fue porque hiciera silencio.

El Rey de los judíos,
el hijo de los hombres,
El Cristo, El Nazareno
lo llamaban.

 
Historia de las sillas
 

En el borde del camino hay una silla
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos de gastados son espejos
que le queman la garganta con el sol
y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.

En la punta del amor viaja el amigo
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante
es por eso que es madera y es metal
es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal.

El que tenga una canción tendrá tormenta
el que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad
siempre vale la agonía de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad.

 
Cuando digo futuro
 

Te convido a creerme cuando digo futuro
si no crees mi palabra, cree en el brillo de un gesto
Cree en mi cuerpo, cree en mis manos que se acaban.

Te convido a creerme cuando digo futuro
si no crees en mis ojos, cree en la angustia de un grito
cree en la tierra, cree en la lluvia, cree en la savia.

Hay veinte mil nuevas semillas en el valle desde ayer.
Hay restos de desesperados, hay el hombre y la mujer.
Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.

Hay un país en rocas y ruinas bajo otro país de pan
hay una madre que camina codo a codo con su clan.

Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.

Hay cuatro niños ahora mismo sonriendo en una plaza
y en las trastienda de una bala un militar que no ha dormido

Y aquella linda muchachita vuelve a recortar su saya
sí es importante desde un niño hasta el largo de un vestido.

Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.

Yo te convido a creerme cuando digo futuro.

 
Me veo claramente
 

Me veo claramente
mascando un pedazo de hierba
me veo claramente
muy sucio y feliz
me veo descubriendo descalzo un buen río
de plantas ahogadas
me veo claramente
lejano de aquí
me veo claramente
haciendo preguntas que ya conocía
con indiferencia ante el ya crecerás
me veo claramente
tan aventurero
hecho un asesino de azúcar y pan
me veo claramente
si miro detrás

Me veo claramente
en la mano de una noche
lugar de aprenderme con miedo y paciencia
lo que era el amor
me veo apretado al calor de unas piernas
tragando del aire un planeta tras otro
bañado en sudor
me veo semi alzado en la luz de esa hora
riéndole al techo, riéndole a ella
riéndome a mí
me veo claramente
tan digno de amantes
y breves países de felicidad
me veo claramente
me veo claramente si miro detrás

me veo claramente
marchando a campañas de guerra entre todo
y yendo tras guerras privadas también
me veo claramente
la primera noche con una guitarra
tan pálidamente como cuando fue la primera mujer

Me veo tan atento a los ruidos internos
feliz tristemente
queriendo de veras ser mucho mejor
me veo claramente
buscando palabras que sepan dar vida y dar muerte al amor
me veo claramente
me veo si miro a mi alrededor

 
La primera mentira
 

Cuando estuve en un bosque encantado
noté con asombro
que una piedra me cantaba
con modulaciones y con timbres de tenor.

Debajo de la piedra vi a un sapo invernando
y supe
que era el sapo el que cantaba
y seguí buscando maravillas que saber.

Quería una princesa convertida en un dragón,
quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón,
quería un vellosino de oro para un reino,
quería que Virgilio me llevara al infierno,
quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado,
y ya.

De lejos vi una fuente que brillaba
y corrí hacia ella,
pues tenía aguas de oro:
era inconfundible aquel color como miel.

El sol se reflejaba en la fuente abandonada
y supe
que era el sol el que brillaba
desilusionado por dos veces me alejé.

Quería una princesa convertida en un dragón,
quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón,
quería un vellosino de oro para un reino,
quería que Virgilio me llevara al infierno,
quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado,
y ya.

Después de mil fracasos como estos
me sentí muy tonto:
nos habían engañado;
y me fui a buscar al primer hombre que mintió.

Caminé los caminos,
recorrí los recorridos,
pero cuando hallé al culpable
hecho un mar de lágrimas, al verme, me pidió:

Yo quiero una princesa convertida en un dragón,
yo quiero el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón,
yo quiero un vellosino de oro para un reino,
yo quiero que Virgilio me lleve al infierno
yo quiero ir hasta el cielo en un frijol sembrado
y ya.

 
Cierta historia de amor
 

Yo era un muchacho tranquilo
Hasta que di con mi sueño más dorado
Que era una mujer algo mayor que yo
Ella tenía 35 y yo 18 para mi favor
(Favor dudoso)

Empezó por regalarme
Dos camisas y un vestido
Para que yo se los diera a mi mamá
A eso le siguió una lluvia de pequeños regalitos para mí
(Para mí entierro)

Hasta me froté las manos
Cuando supe que vivía sola
Desde que por fin se divorcio
Y en su casa hice meriendas, comidas y desayunos hasta engordar
(Casi reviento, como verán)

Lo tenía todo, y me puse ocioso
Me pasaba el día de la lectura al amor
¿Qué quiere mi dueño? ¿Qué quiere mi encanto?
Me decía con voz azucarada si me iba a mover

Mi amigos comentaban
Que yo si eran un bárbaro del diablo
Y la fama de conquistador nació
Las pepillas me buscaban, yo me pellizcaba el brazo para ver
(Si era soñando)

Aprendí, de un buen amigo
A pegarle a mi mujer
A llevar los pantalones, como es la tradición
Y ella iba a mi trabajo, para sorprenderme en algo ilegal
(Era normal)

Me di cuenta que las cosas
Ya no estaban es su sitio
Cuando me empezó a coser la ropa encima, al salir
Después vino la algazara, las denuncias y los llantos al dormir
(Y pasó el tiempo)

Decidí dejarla cuando una noche
Desperté y la vi que se lanzaba sobre mí
Con unas tijeras de podar sus matas
Mientras me juraba que no iba a ver a otra mujer jamás

Me puse las botas y salí corriendo
Entre amenazas que no puedo repetir
Me puse las botas y salí corriendo
Sin sueños dorados, pero a salvo el honor

 
Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
 

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Hoy quisiera estrechar mi ciudad sumergida
Boca de los corales, alma de las esponjas
Dureza de las piedras que se encuentran a veces
Ojos de las estrellas de mar y los peces

Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción

¿Cómo voy a cambiarle el color a una ola?
¿Qué se puede querer, si todo es horizonte?
¿Qué le voy a enseñar a la suma del viento?
¿Qué le puedo objetar a una noche estrellada
Con mi vela amarilla y mi proa emparchada?

Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Cada rizo del suelo es un sueño contado
Algo como un recuerdo, una imagen, un beso
Y en la espalda del día se queda ese algo
Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol

Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción

(1969)

 
Un barco sigue el mundo
 

Lo primero del mar es partir,
dejando en el borde toda prisa.
Después viene, lenta,
la soledad
de cada hierro a la luna,
la soledad
que lleva el hombre vestido,
la soledad
de cada vena del barco.

-¿Dónde estará?-, dicen que todos los ojos,
muy a pesar del juego y la sonrisa,
surcando un tono extraño de los gritos.
Y recostado al mar,
como única mujer,
un barco sigue al mundo.

Lo segundo es el miedo a la noche,
a la noche marina bellísima,
mientras sobre cubierta
la soledad
hace masacre sin tregua,
la soledad
se sube al puente y golpea,
la soledad
llueve de popa a proa.

Se deja atrás el próximo futuro,
la posibilidad de no ser padre,
la guerra azul temblando en la palabra.
Y recostado al mar,
como única mujer,
un barco sigue al mundo.

 
Fábula del océano
 

Sobre el océano volaba
una chispa de carbón.
Era una chispa pequeña,
un pajarito veloz.

Era una de esas aves
que cogen mar por volar
y que se pierden adentro
y no saben regresar.

Pero vio un barco pasando
y sobre el barco voló.
Buscando allí compañía
en su metal se posó.

Y vio cien sombras, partidas
cada una por su mitad:
una mitad en la tierra,
otra mitad en el mar.

Sobre el océano volaba
una chispa de carbón.
Era una chispa pequeña,
un pajarito veloz.

 
Por el Trópico de Cáncer
 

Por el trópico de Cáncer
la guitarra luce azul
y cargada de colores
que semejan el pasado
unas millas hacia el sur.
La guitarra de un lagarto
tiene ahora color de mar.
Ha tenido otros colores,
los colores que su dueño
usa para navegar.

Y hacia el triángulo de Orión,
dejando la estrella Polar,
vuela esa caja de armonía universal.
Nuevas historias ha de haber,
nuevas tormentas sobre el mar,
nuevos colores por tener,
nuevas canciones navegadas que cantar.

En la tierra ha sido verde,
como sangre junto al sol,
y ha tenido un arcoiris
de colores trashumantes
cuando ha estado en el amor.
Ojalá que la guitarra
no se canse de este mar:
se le ha visto algunas noches
escondida de la gente,
mirando con hambre el cielo,
y hay que estarla vigilando
para asirle la cintura
el día que coja vuelo.

 
Al cabo del mar
 

Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
qué hiciste la noche en que no vi tu mano,
qué hicieron tus libros y tu último espejo,
qué hizo tu cuerpo soñado, cuando ya no estuve
abriéndote luces de cientos de estrellas
en cada palabra de amor descubierta hacia ti.

Qué cosa dijiste la última noche
al nuevo silencio posado en tu almohada.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.

Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
qué píldora estuvo colmando tu sueño,
qué filo cortó tu deseo de nombrarme,
qué ala pensaste encontrar para alzar tanto peso
y hacerlo tan fácil, como si mi abrazo
se fuera a romper con volar.

Hay tanto recuerdo, hay tanto y con alas
-alas que nos siguen al cielo, a la muerte-.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.

Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
si fue casualmente que hallaste al amigo
que toda una tarde te vio recordando
y así me lo dijo con voz de verdugo sublime,
haciendo de un día de sol día de tumbas,
maldita canción que olvidar.

Así quedó roto, por cuatro palabras,
el ancho escondite que usé para huirte.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.

Hoy, al cabo del mar, no hay nada que hacer
con esta distancia sin tiempo y espacio,
con esta distancia tenaz, siempre cerca,
con esta distancia de los pensamientos furiosos,
tuyos, carniceros, que nunca reposan,
que incendian las olas a golpes de viento y canción.

Ya no hay nada que hagamos que pueda alejarnos
de la piel crecida entre nuestros cuerpos.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.

 
El tiempo
 

Naciste en un telar
tu padre es tejedor
tus hijos tejerán
y el tiempo cae
cae
cae

Alguien tejió la sed
usando hilo de mar
y calma de mujer
y el tiempo cae
cae
cae

Tejer es aprender
a hilar y deshilar
tejer es continuar
y el tiempo cae
cae
cae.

 
Acerca del amor
 

Ahora nadie realmente me está escuchando,
pero yo quiero hacerle una canción a mi amor.
Como no he tenido amores duraderos,
nadie va a pensar que estoy hablando de sí
cuando diga cosas del abrazo,
de las despedidas y los besos.
El beso de que hablo
se lo pude haber dado a mi guitarra.

Los rostros son como estaciones,
pasan llenos de hojas amarillas,
de soles ardorosos, de vientos arropados.
Nadie tiene estaciones en su haber.
Todo el mundo se queda bajo su piel
caliente.
El calor y la brisa retozan afuera,
la verdad y la mentira retozan afuera,
los proyectos de cielo, la paciencia del tiempo,
una sombra en la que crees ver la luz,
pero tanto la aurora como la cruz quedan afuera.
Es aire que se respira y que se deja:
se queda.

Heme aquí hablando al mismo ritmo
de muchas direcciones, de mil oscuridades
que han servido para emprender abrazos,
sitios donde han rodado tantos cuerpos
vacíos o plenos.
Para qué describir el pelo del amor,
si el pelo del amor cambia de forma.
Para qué pronunciar los vanos trazos
Conque a veces descubro el desconcierto.
No digo, no hablo.

Yo no describo la risa del amor,
pues si acaso dijera que su risa amanece
en la buena penumbra de una calle desierta,
que hay un sol sumergido en sus labios terribles,
mis ojos fueran manos en la oscuridad,
y no:
son ojos, pese a todo
son ojos mis ojos.

Mi amor existe y nunca se peina
ni ríe ni mira.
Es amor solamente.
Sólo amor.

 
23
 

Tengo 23 rostros para verte
tengo 23 manos que te tocan
tengo 23 sueños reunidos
en fila india.
Tengo 23 años de distancia
tengo 23 años de tamaño
tengo 23 años de momentos
de melodías y reloj

Ahora tengo 23 caracoles
23 buenos pretextos
para hacerte compañía
23 caminatas
sin saber dónde ir
23 voces mías
diciendo "vivo cerca"
23 alegrías
nuestra complicidad
23 llaves verdes
abriéndonos la puerta
-y mi casa que queda
en la calle 23
tiene 23 siglos
distintos que vivir-
23 divisiones
de estrellas desfilando
23 sensaciones
rompiendo las ventanas
23 pasadizos
abiertos al delirio
23 mil pasiones
en una sola cama
23 espejismos
23 agonías
23 deserciones
23 veces mía
(si es posible
por supuesto
si es posible)

Las cábalas dirán
horrores de mi número
pero de pronto el 23 se me antoja de suerte
para quien lleva 23 tiempos sobre sí
(quien sabe si es acaso
mi número de muerte)

23 es pedazos
de piedras del amor
23 es el polvo
que hay en las ventanas
23 un cristal bien ahumado
para mirar al sol
23 es un rostro
al espejo una mañana
23 sale el día
23 va la noche
23
23
23...

 
Más de una vez
 

Más de una vez me han echado a la calle
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solamente quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar de prisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión:
más de una vez no tengo invitación.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solamente quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solamente quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

 
Elógio al horror
 

Quién no tendrá una historia extraña
entre los dedos, después de lejos
(tela de araña bailando clara
entre dos espejos).

Quién no tendrá una lenta maña
de descubrir continentes viejos
(ojo de brujo, pie de lagarto,
voz sin consejo).

Cuántos hechizos y sortilegios
se romperán
en gotas de lluvia limpia,
lavando el sol.
Cuántos murciélagos y diablejos
volarán lejos,
buscando lunas frescas
para el horror.

Quién no tendrá una casa en ruinas
donde los átomos no penetren
(muro de hiedra, vieja tortura,
sueño de duende).

Hay que buscar una silla seca
para el amor.

 
Para el que tiene prisa
 

Al ala izquierda de las voces,
donde se pega el viento viejo al océano,
va la mayor de las hermanas,
va la mayor de las Antillas
sin perdonarme ni un momento,
sin dejar tiempo ni a una risa,
cuando ya llevo un mes faltando a puerto.

Pero los días se hacen de rogar
para el que tiene prisa por llegar.

No es que me espere una muchacha:
me esperan todas las mujeres, de pronto.
No es que me espere una calle:
me esperan muchas muchas calles.
No es que me espere algún amigo:
me esperan todos los amigos,
todo lo que se ve, todas las madres.

Pero los días se hacen de rogar
para el que tiene prisa por llegar.

Me está esperando mucha tierra,
me está esperando mucho tiempo sembrado.
Me está esperando otra manera
de despertar por las mañanas,
de recorrer descalzo el suelo,
de adormecerme por las tardes
y de robarme por las noches sueño.

Pero los días se hacen de rogar
para el que tiene prisa por llegar.

 
Y mucho más que veremos viendo
 

Edgar Allan Poe y yo
hay rato que paseamos por los sueños,
meditando.
El vestido de levita
y yo cantándole
mis últimas canciones
por los parques desolados
(porque los sueños tienen parques desolados,
y mucho más
y mucho más
que veremos viendo poco a poco).

Pues Edgar Allan Poe y yo,
o Eddy, como yo lo llamo cariñosamente,
conversábamos
acerca de las flores venenosas,
el opio y los puñales de las tribus de thuaregs
(porque en los sueños se ven cosas todavía,
y mucho más
y mucho más
que veremos viendo poco a poco).

A veces caminamos hasta Nueva Zelandia
o hasta sitios en el Brasil
donde se cazan buenas cabezas.
Otras, vamos a Grecia
con los contrabandistas,
o bajamos al Maelstrom
por deporte, por decirlo así.

Pero Eddy y yo tuvimos
que dejar de vernos, lamentablemente.
Fue cuando conocí a Lady Ligeia.

La muerta me observaba
demasiado y me gustaba.
Sus ojos parecían mirar
de más allá de donde miran los ojos
comúnmente,
y no noté que Eddy enfurecía.
La muerta me miró hasta que desaparecieron
para siempre
(porque hay cosas como ésta hasta en los sueños,
y mucho más
y mucho más
que veremos viendo poco a poco,
que veremos viendo poco a poco).

 
La cosa está en...
 

La cosa está en hallarlo a usted
el día menos pensado, en cualquier sitio,
casualmente, donde usted y yo
podamos ver a cuatro manos los alrededores.
La cosa está en lo improbable,
en lo difícil, en lo imposible.
La cosa está allí mismo, donde no debiera estar:
un paso más allá que el largo de las manos.

La cosa está en que un día
haya tiempo para todo:
para hablarnos sin apuros,
para compartir rocíos,
para ser fin de semana como si vivir
fuera tiempo libre, espacio para estar.
La cosa está en las cosas
que yo sé y que usted no sabe,
y en las cosas que usted sabe,
y yo no sé todavía,
y en los sueños que nos faltan para realizar
nuestros sueños, que son sueños de canción.

La cosa está en no enloquecer,
en no aceptar, en preguntar
para qué sirven todos los juguetes
que nos han dado guerra
desarmándolos y armándolos.

La cosa está en que no queda
remedio inteligente que no sea
usar las piezas que hay en los rompe-caminos,
e ir tirando por ahora, aunque más allá
persistamos en crear nuestra canción
con las piezas que queramos construir,
que serán igual.

 
El universo es un rastro de hierros
 

Parece que las cosas nunca
se ponen en su sitio,
pues solo cambian de lugar
por un tiempo limitado.
Cuando etán mucho rato
en el mismo rincón,
cogen moho debajo
y les salen arañas
y les salen culebras
y bichos peligrosos.

Por eso hay ese lleva y trae
por todos lados.
Por eso el universo es un
rastro de hierros,
lleno de hormigas que no
duermen y trabajan,
que pujan, levantan y llevan,
que vuelven a pujar lo mismo.

Parece que las cosas nunca
se ponen en su sitio.

 
Elogio del pecado
 

Como la espuma te me subes por la cara
como la espuma roja de un vaso de vino
como una espuma que el recuerdo hace hervir
como una espuma escandalosa es recordar.

Yo me delato cuando estoy pensando en ti.

Como espuma de vino suben bajan
entran y salen pecados sin dejar rincón
seco donde sentarse.

Pero no cambio lo mejor por un pecado
pecar es ser capaz de comprenderlo todo
de ver la tierra sin usar una astronave
pecar es ser capaz de dar un paso más.

Yo peco tanto cuando estoy pensando en ti.

Toda mi ropa está manchada por tu vino
y no vale que la mande a limpiar
pues la humedad regresa.

Tu vino no se cae.

 
Cleopatra
 

Resbalando los dedos por el agua,
al pie de su ciudad vieja y caída,
sin esclavos ni antonios, junto al Nilo
vi un día a Cleopatra compungida.

Qué puede hacer un trovador entonces
sino inmediatamente enamorarse,
cantar una canción, hablar un poco,
tratar de hacerse ver: fingir ahogarse.

Por más que quise hacer menos salía;
canté y hablé quizas exagerando,
pero ningún sonido le alzó el rostro
y comprendí lo que estaba pasando.

Sucedía que la reina y el paisaje
que yo creía ver, había sido
la húmeda versión que me dio el rio
puesto que me encontraba sumergido.

 
Hace no sé qué tiempo ya
 

Hace no sé que tiempo ya
que no le digo a alguien te quiero.
Qué estraño es todo por donde he estado.
Qué días más lejos del amor.

Hace no sé que tiempo ya
que tengo un sobre engavetado
porque le temo, y yo no sirvo
para sentir cosas así.

Nunca he servido para lo que
me ha tocado, desde que no sé
qué causa te alejó.
Puede que fuera causa mía,
pero quién recuerda causas
cuando el tiempo es más dolor.

Mis labios se han endurecido
para decir palabras bellas.
Qué duro es todo lo que yo digo.
Qué suave todo lo que sueño.

Hace no sé que tiempo ya
que estoy sentado maldiciendo,
sumando noches, restando sueños,
maldito por mi maldición.

Hace no sé que tiempo ya...

 
El calendario
 

El calendario antiguo
dio una vuelta de un mes
de diferencia.
Nada grave ha pasado
no se asusten de un mes
de diferencia.
Pues nadie va a morirse
es sólo el tiempo de un mes
de diferencia.
Por ejemplo: lo que antes era octubre
hoy es noviembre simplemente.
A nadie ha envejecido
el calendario de un mes
de diferencia.
¿Quién puede envejecer por
una vuelta de un mes
de diferencia?
Sigamos a la mesa
la familia de un mes
de diferencia.
Por ejemplo: lo que antes era octubre
hoy es noviembre simplemente.
Los niños dejen quieto
el calendario de un mes
de diferencia.
Nadie se asombre al ver
un calendario de un mes
de diferencia.
Ojo al que ponga un pero
al calendario de un mes
de diferencia.
Por ejemplo: lo que antes era octubre
hoy es noviembre simplemente.

 
Marcha de la rueda
 

Hagamos una rueda
una bandada de locos sin colmillos
un coro de solitarios y de tristes
una fanfarria de genios indispuestos
una horda primitiva con camisas

¿porqué no hacemos algo que tenga que ver?
ya estoy cansado de cansarme de cantar

Hagamos una rueda
los que se comen las uñas en la clase
los que montan a los trenes sin boleto
los que rompemos cristales a pedradras
los que pellizcan a todas las mujeres

hagamos una rueda en L y 23
a ver si la gente se embulla a no vagar

Hagamos una rueda
y vamos a recoger a los que bostezan
y vamos a incorporar a los papagayos
y vamos a darles cuerda por un siglo

hacer una rueda sale muy barato
y los tacaños no se tiene que asustar
sólo tenemos que salir juntos de aquí

hagamos una rueda
o acaso una ruedita
como una semillita

¿eh?
¿eh?

 
Corro el riesgo
 

Por el día en el peligro de olvidar;
por la noche me amenaza tu recuerdo extraño.
Corro el riesgo de negarme a ver el día o la noche
-corro el riesgo de querer dejarme ciego-.

Esto pasa diariamente,
aunque estoy acostumbrado a todo
hace mucho tiempo,
demasiado tiempo.

Por el día me entretengo en no pensar en ti;
por la noche me acorralan el temor, los años.
Corro el riesgo de empezar a imaginarme parques
-corro el riesgo de querer dormir sin tener sueño-.

Esto pasa diariamente,
aunque estoy acostumbrado a todo
hace mucho tiempo,
demasiado tiempo.

Por el día tengo miedo de no respirar;
por la noche tengo miedo de quedarme quieto.
Corro el riesgo de que un día se demore el alba
-corro el riesgo de que el miedo se me duerma adentro-.

Esto pasa diariamente,
aunque estoy acostumbrado a todo
hace mucho tiempo,
demasiado tiempo.

 
Las mujeres de los individuos
 

Las mujeres de los individuos
que hacen poesía,
las mujeres de los individuos
que hacen la canción,
deben aburrirse de decir que sí,
que siempre es bueno
todo lo que hacen sus maridos.
¿Es que no se habrán puesto a medir
cuántas veces han hecho creer
que se ha dicho una cosa genial
cuando ha sido algo más del motón,
que hasta un niño ha podido decir?

Pero todas
las mujeres de los individuos
que hacen poesía,
las mujeres de los individuos
que hacen la canción,
dan el visto bueno a cada frase,
a cada coma,
dan el visto bueno a la armonía
-aunque no sepan nada de eso,
aunque nunca hayan ido a la escuela,
aunque sus gustos sepan muy mal-,
pero lo que resulta peor
es que sus maridos asienten.

Por eso
las mujeres de los individuos
que hacen poesía,
las mujeres de los individuos
que hacen la canción,
son los soldados
más desconocidos
de la historia.

Esto, para que ninguna
venga luego a reclamar.
Así que no se inhiban:
ya cualquiera puede ser
mi mujer.

 
El circo
 

Acompañado de una larga lista por saber,
con la frescura de un primer día de colegio,
salió otra vez de la mano de la casa en que nació:
las vacaciones estaban siendo un golpe de la luz.

Tocaba puertas recogiendo amigos,
acompañaba a las niñitas solas,
cortaba flores y las ofrecía
con un pie al aire, sonriendo siempre.

Cantando musiquitas dulces,
de esas que no se escuchan ya,
apareció gritando un circo
que se instaló cerca de allí,
lleno de luces y colores,
magos y mucha diversión.

Pero en la lista de cosas que tenía que aprender
no figuraban los circos por ninguna parte,
y sin que nadie lo viera sacó un lápiz, anotó,
y puso circo con letras de poner inicial.

Con el dinero para la merienda
compró un helado y una rosca dulce,
dando brinquitos se metió en la carpa
que parecia una mamá muy grande.

Cantando musiquitas dulces,
de esa que no se escuchan ya,
pudo saber que su maestra
no le enseñó cierta canción,
y que la vida no cabía
ni en veinticinco listas más.

 
Me sonaba la nariz
 

Una vez, muchas veces, casi siempre,
se daba un banquete, se develaba un busto,
se intercambiaban relaciones históricas,
se grababa una mano en el cemento
-sucedían cosas inolvidables a montones-,
todo era muy solemne, y entonces yo
me sonaba la nariz.
De pronto todos me miraban
como si fuera algo muy raro
necesitar hacer la cosa más común.
Y yo guardaba mi pañuelo
tímidamente en el bolsillo,
agradeciéndole a la gripe la ocasión.

Una vez, muchas veces, casi siempre,
he podido saber que las necesidades
no suelen observar la misma etiqueta
que la gente acostumbra a practicar
(y en este sentido puede ser útil una gripe).
Desde entonces, cuando estoy entre camellos,
un segundo antes de decir adiós
me sueno la nariz.
Y, desde luego, todos miran
como si fuera algo raro
necesitar hacer la cosa más común.
Entonces guardo mi pañuelo
tímidamente en el bolsillo,
agradeciéndole a la gripe la ocasión.

Observación: Si no se tiene gripe a mano,
aunque es muy fácil conseguirla,
nada más simple que un ladrillo y a correr.
Pero se advierte que el efecto
no va a ser descalabrante
como sonarse la nariz diciendo adiós.

 
Los pájaros
 

Como todo el mundo,
una vez yo tuve un amor
que, como dice Pablo,
era como un manantial.
Pero yo era aventurero
y di con otra mujer,
y puse a un lado mi pájaro
porque había cien volando
sobre mí.

Qué viejo error:
siempre se acaba llorando,
cantando cosas muy tristes.
Como si fuera bonito
usar dolor tan gastado
y tan terco, pese al tiempo.

Hoy con cien anécdotas
yo pudiera ilustrar
cómo la aventura
no siempre acaba feliz,
aunque, por supuesto,
no hay regla sin excepción.
Cuando menos, recomiendo
se asegure un pajarito
antes de ir
a merodear
los cin mil que estén volando.

Pero cierren bien la jaula,
que los pájaros se sueltan
y el primero es el que canta
la palabra, la belleza.

 
Los cazabrujas de dores
 

(Primer Acto)
Los cazadores salen,
los cazadores bailan,
los cazadores sueñan
con un planeta
de brujas por quemar.
Los cazadores miran,
los cazadores buscan,
los cazadores prenden
una candela
para salvar a Dios.

(Segundo Acto)
Ahora sale una niña
bien correcta,
y aunque la niña
se ha cortado las trenzas,
los cazadores tiemblan
ante aquella belleza.
Pero uno tiene
cara de aberrado
y grita dónde está
su cinturón de castidad,
y se le tiran
para quemarla en la hoguera
-por brujita-,
para quemarla en la hoguera
-pobrecita-,
para quemarla en la hoguera
-ay-.

(Tercer Acto)
Pero entra nuestro héroe
seguido de una pila de mujeres
que le dicen canciones y poemas,
viejos, niños, todos agradecidos.
El héroe está a la moda:
pantalones con pliegues,
zapatos de dos tonos,
la patilla cortada
y el pelito bien corto.
Y se ríe al ver los cazadores
con sus pelos tan largos
y sus mallas estrechas,
arrastrando a la niña
a morir en la hoguera
en nombre de Dios.

Entonces los cazadores enfurecidos
sueltan a la niña y se abalanzan sobre nuestro héroe
que ya espera en guardia y desarmado.
Nuestro héroe se mueve rápido, esquiva los espadazos
y responde con sus puños limpios y les da:
uno, dos, tres, cuatro,
cinco, seis, siete, ocho,
nueve,
diez piñazos bien dados,
y todos se derrumban.

Mientras todos lo aclaman
como es natural,
va y recoge a la niña
que ya está desmayada,
de un beso la despierta,
y se van muy felices,
sabiendo que no quedan
cazadores de brujas.

(Tercer Acto)
Los cazadores salen,
los cazadores bailan,
los cazadores sueñan
con un planeta
de brujas por quemar.
Los cazadores miran,
los cazadores buscan,
los cazadores prenden
una candela
para salvar a Dios.

 
Érase que se era
 

Eramos una vez un grupo de nueve o diez
que coincidía cada noche:
una suerte de sueños que hacían cuadrilla,
unos buenos muchachos riendo juntos.
Érase que se era una vez...

Por esa época se amaba tanto, qué sé yo:
¡qué época tanta de amores!
Desfilábamos juntos, se hacían poemas,
y las calles que buenos gustos tenían.
Érase que se era una vez...

De uno
en fondo
pasábamos
por la misma canción:
era uno,
eran dos,
eran tantos qué sé yo,
pero era
bonito
mirarnos, vernos sufrir.
Érase que se era una vez...

Era
imposible
pasar
un sólo día sin morir,
sin gritar,
sin reír,
sin comprender, sin amar.
Qué desastre
de gente
que no podía estar en paz.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si fue el tiempo
que lo vuela todo,
o si fuimos nosotros
detonando el tiempo,
pero nos fragmentamos
como una granada.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha llovido
una lluvia que moje
cada esquirla en el sitio
en que haya caído,
si hay guardada una tarde
común en el tiempo.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha servido
de algo o de nada
que haya habido pasado
y que quede recuerdo.
Yo no sé si mañana
pensaré lo que hoy vivo.
Érase que se era una vez...

(1969)

 
Los muertos y los vivos
 

Muy buenos días en primer lugar,
si es de día.
Muy buenas noches en primer lugar,
si es de noche.
Muy buena vida en primer lugar,
si es de vida.
Muy buena muerte en primer lugar,
si es de muerte.
Buenos días,
si se mira al cielo y se ve claridad.
Buenas noches,
si se mira al cielo y se ve oscuridad.
Buena vida,
si detrás del espejo hay un nombre.
Buena muerte,
si detrás del espejo hay un hombre.

Pueden oír la radio,
leer el diario,
vestir de nuevo,
tener dinero,
dormir de noche,
lavar un coche,
casarse un día,
ir en tranvía,
hablar de tiempo,
sentir el viento:

los muertos saben tanto de la vida
como yo.

Muy buenos días en primer lugar,
si es mañana.
Muy buenas noches en primer lugar,
si es mañana.

Muy buena vida en primer lugar,
si es mañana.
Muy buena muerte en primer lugar,
si aún es hoy.
Buenos días,
si se mira hacia el cielo que no es de día ya.
Buenas noches,
si se mira hacia el cielo que no es de noche ya.
Buenas vida,
si detrás del espejo no hay nadie.
Buena muerte,
si detrás del espejo está el aire.

Pueden sentir olores,
cambiar colores,
volar al cielo,
hablar del hielo,
dormir flotando,
cantar cantando,
amar con todos,
viajar en globo,
hacer un puente,
saberse gente:

los vivos saben tanto de la muerte
como yo:

los muertos saben tanto de la vida
como yo.

 
Has de saber mi nombre
 

Para amarme con la fuerza que yo necesito
con la fuerza de todo el amor
para odiarme con la fuerza que yo necesito
con la forma más fiera de odiar
has de saber mi nombre
sólo saber mi nombre.

Yo me llamo semilla
cuando la tierra exige un hijo más
yo me llamo rocío
cuando la noche es seca y tiene sed
yo me he llamado compañía
yo me he llamado intensidad
pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

Para amarme con amor frente a viento y marea
con amor que se puede tocar
para odiarme con el odio que más se recrea
-con el odio que apaga la luz-
has de saber mi nombre
sólo saber mi nombre.

Yo me llamo llovizna
si hay melancolía que vivir
yo me llamo saludo
cuando la ausencia estorba caminar
yo me he llamado poesía
yo me he llamado una canción
pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

 
Como todo el mundo
 

Yo hablo sencillo como todo el mundo.
Puedo repetir,
si hay alguien que no ha entendido bien.

Me gusta enamorarme, y, como todo el mundo, salgo
por la puerta que da al fondo de las casas.
Procuro no pisar flores,
cruzo por las esquinas de la calle
y saludo si me quieren saludar.
No tengo aún despertador, pero ya lo tendré
-mientras que me despierten los vecinos-.
Debajo de la almohada no escondo armas de hielo
que ni en sueños he aprendido a disparar.

Yo hablo sencillo, como todo el mundo.
Puedo repetir,
si hay alguien que no ha entendido bien.

Me gusta casablanca, tambien el chocolate
y fumar cuando termino de comer.
Me gusta la cerveza fría, que no haya ruido si trabajo
y aún me gustaría patinar.
Prefiero andar en ropa de la calle, porque
así puedo juntarme a las aceras mejor.
Me gustan las peliculas de Bergman,
los poemas de Vallejo
y las canciones de Pablo Milanés.

Yo hablo sencillo, como todo el mundo.
Puedo repetir,
si hay alguien que no ha entendido bien.

 
Josáh, la que pinta
 

Sucedió que una vez, hace tiempo,
hubo un militar
y el ejército fue una cadena
de descubrimientos.
No podía perderse un amanecer,
pues la diana era antes que la claridad
y se hizo costumbre una forma
distinta de ver.

Sucedió que una noche
llegó al universo Josáh,
como una aparición de figuras
en el sentimiento.
Vino de la ciudad donde viven los magos
y llegó con el alma colgada del cinto,
sin saber que un soldado en el pecho
no tiene fusil.
Encantó, revolvió, disgregó los aplomos,
puso tiendas gitanas en todos los templos
y era solo una niña jugando
a persona mayor.

"Josáh, la que pinta, déjate ver"
decía el soldado, decía el viento
y la naturaleza con lenguaje
que aún se podía oir...

Sucedió que se hizo tristeza
el semblante del tiempo:
cada día era un Nudo Gordiano
sin pies ni cabeza.

Las mañanas dejaron de significar,
en más de una ocación no se cumplió el deber:
cada pase era un Día de Reyes
en el curso de un mes.
Todo era Josáh, que bailaba a la noche
una orgía pagana estallando en la piel;
todo era Josáh, la que pinta,
bailando el amor.

Pero el mundo da vueltas
y todo regresa a su cauce:
ya no era soldado, y Josáh
se escondió en su país.
El que fuera soldado volvió a carpintero,
a ingeniero de minas o quizás boxeador,
aunque nunca regresa completo
el soldado a su casa.
Entre días y ruídos se hallan recuerdos,
se revuelven gavetas, se somríe al ver objetos
como un tiempo que se ha repartido
en papeles y fotos.

"Josáh, la que pinta, déjate ver"
decía el soldado, decía el viento
y la naturaleza con lenguaje
que aún se podía oir...

 
¿Soneto?
 

Se sabe nada todavía, te digo,
Sócrates: poco ha caminado el mundo.
De tu ciudad viejísima de vino
a la mía de hierro hay un segundo.

Hemos seguido hablando con sus frases
-damos saltitos en la noche, a veces-.
Cualquier materia extraña se deshace
en la simpleza humilde de los peces.

Llegamos a la luna, nos matamos,
leemos diarios, somos enemigos
y no se sabe aún por dónde vamos.

La energía nuclear no es buen testigo
de que se sepa más que tú, mi hermano.
Se sabe nada todavía, te digo.

 
En mi país
 

Los insectos, los ratones y las ratas
darán brincos por las calles
y serán aplastados por los autos
que pasan con velocidad
por las desiertas avenidas de mi país.

En las casa que son altas habrá luces
que se encienden y se apagan,
gentes que aman y trabajan,
sólidos misterios siempre para uno
que pasa por debajo, en mi país.

-Levántate que vamos al doctor -dice una voz.
-Levántate que tienes que estudiar -dice otra voz.
-Levántate, vamos a trabajar -dice otra voz.
-Levántate, te toca ya el fusil -dice otra voz.

-Son las seis de la mañana, hora de tomar café.
-Vete a la panadería y trae el pan después.
-Son las seis de la mañana, ven y mira el amanecer.
-¡Déjame dormir tranquilo, que ya lo veré!
-Son las seis de la mañana, te va a pasar como ayer,
que te quedaste dormido y se te fue el tren.
-Son las seis de al mañana y la escuela queda allá.
No lo pienses más, muchacho, te van a regañar.

Las mujeres y los hombres
estarán
terminando de amarse ahora.
Debe ser por la mañana
y deben quedar algunos dentro
de sus casa, por el frío,
en mi país.

 
Martianos
 


Yo soy un grano de arena,
una hoja más en un árbol
y cada ola me enseña
y cada brisa trae algo.

No he visto todas las tierras,
no he visto todos los mares,
pero he sentido la guerra
silbando por todas partes.

Cuando nací me dijeron:
naciste por la esperanza.
Así le digo a mi hijo
y parto hacia la matanza.

Quiero que pare la muerte,
yo quiero que pare el frío
para poder dedicarme
a flor, a viento y a río.

El mundo me dio las manos,
dos reinos que hacen suerte.
Llevo una flor en la diestra
que es el reino de la muerte.

De amor yo vivo y de espada,
de boca y puertas abiertas.
Hay que vivir de una bala.
Hay que morir de una fiesta.

Qué duras son esas noches
en que queremos ser buenos
y hay que matar sollozando
y hay que morir sonriendo.

(1969)

 
La alegría
 

No queda nada que pueda querer
no queda nada que pueda desear
He conbinado la sal con la miel
he conseguido más de lo normal

Ni una alegría yo voy a buscar
mi alegría es de humo y fragor
No está ni arriba ni abajo ni atrás
Quizás delante tras otro sudor

Mi sonrisa no está en la yerba ni en el viento
mi sonrisa no está en la luna ni en el mar
mi sonrisa no está en un cuerpo de mujer
mi sonrisa no está en el día
(ni siquiera está en la alegría)

Mi alegía está dentro de mí
mi alegría sale sin querer
mi alegría es lo que hay que decir
mi alegría es lo que hay que saber

Mi sonrisa no está en la yerba ni en el viento
mi sonrisa no está en la luna ni en el mar
mi sonrisa no está en un cuerpo de mujer
mi sonrisa no está en el día
(ni siquiera está en la alegría)

No queda nada en la tierra y el mar
que no haya hecho a mi cuerpo feliz
No queda nada que pueda buscar
y sin embargo no empiezo a vivir

 
Al venir hacia acá
 

Al venir hacia acá
iba mirando el color de la acera.
Era gris, como siempre,
algo sucia y gastada.
Tambien conté las grietas
y había cuarenta y tres nidos de hormigas.

Al venir hacia acá
iba escuchando el sonido del aire.
Era confuso y mezclado
en camiones y puertas.
La gente se besaba
y había ruidos sin nombre ni apariencia.

Al venir hacia acá
iba lentamente,
como una ceremonia
secreta del camino.
Al venir hacia acá
iba sonriendo,
tranquilo y poderoso
como cualquiera que anda.

Al venir hacia acá
iba tocando la piel de algún árbol.
Eran húmedas, suaves
(eran pieles de árbol).
Tambien corté unas hojas
para soltarlas al aire de la noche.

 
A quien pueda interesar
 

¿Cómo andan, hola, que tal?
(a quien pueda interesar)
¿Cómo andan, hola, que tal?
¡soy feliz de regresar!

Ahora heme aquí,
entre ustedes en la vida otra vez.
Ahora heme aquí,
con un poco de agua fría en los pies.
Ya regresé
y el que quiera puede ya sonreír,
el que quiera puede irse a llorar,
y al que quiera puede darle igual.

Estoy hablando a quien pueda interesar,
pero ante todo tengo que ordenar mis cosas.
Es que he traído demasiados documentos
sobre el mar,
es que he traído demasiada inspiración.
Estoy hablando a quien pueda interesar,
pero ante todo tengo que coger respiro.
He de llenarme nuevamente
de las cosas, de la gente,
antes de hacerme aplaudir o censurar.

¿Cómo andan, hola, que tal?
(a quien pueda interesar)
¿Cómo andan, hola, que tal?
¡soy feliz de regresar!

Ahora heme aquí,
entre ustedes en la vida otra vez.
Ahora heme aquí,
con un poco de agua fría en los pies.
Ya regresé
y el que quiera puede ya sonreír,
el que quiera puede irse a llorar,
y al que quiera puede darle igual.

Estoy hablando a quien pueda interesar,
pero ante todo abrazo a mis amigos,
a alguna muchachita que se muestre
amable en el saludo,
a la familia, a los vecinos y demás.
Estoy hablando a quien pueda interesar,
pero ante todo estoy besando el suelo.
Como se puede ver,
regreso con color en las mejillas
- y si pudiera verse el alma habría más -.
Me regocija verlo todo junto otra vez,
para vivir un poco más allá,
para morir un poco más también.

Estoy hablando a quien pueda interesar,
a-quien-pue-dain-te-re-sar.

 
Una vieja visión
 

No se engañen mis amigos.
La figura de mis sueños no la he dicho,
no he contado una vieja visión.
Es un niño con un rostro
donde puede encontrarse una risa
más vehemente que el pasado y la fe.

Su sonrisa ha de ser de absoluto poder.
Su sonrisa ha de ser de ventana solar.
Su sonrisa ha de ser su conquista mayor.
Lo veo jugando en la yerba brillante,
regocijado, barriendo soldados con una ramita,
regocijado, tumbando cañones con una pelota,
regocijado.
Y entones, con una mano limpia,
toma un montón de tierra para olerla bien.
Sus ojos se cierran satisfechos
y llena sus pulmones de aroma de la selva.

Pasa una gaviota perdida del mar
y un dedito señala el camino veloz.
Truena una tormenta, amenaza llover.
La risa aparece esperando la lluvia.
Regocijado, se tiende con todo su universo.
Regocijado, se moja y aplaude el sonido de nube.
Regocijado.
Escampa con todos los colores
y el niño ha bostezado mientras baja el sol.
La tarde no hunde su sonrisa.
Pronto será mañana para continuar.
No tiene que ir a casa.
Su casa queda allí.

 
Después que canta el hombre
 

Después que canta, el hombre queda solo,
solo en la soledad de su cabeza,
solo en la soledad de las butacas
y una mortaja de aire hace silencio.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

Después que canta el hombre queda solo,
pues cada uno regresa a sus pisadas.
Le dejan las palabras en la alfombra.
La hora de la palabra fue la escena.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

Después que canta, el hombre queda solo,
sobreviviendo a igual incertidumbre.
Pero de nuevo ordena sus conciertos
como un ágel postizo que insistiese.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

(1969)

 
Boga-boga
 



Por el día o por la noche
el pescador sale a la mar.
La mar no le ha puesto horario aún
de navegar.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

Por el día o por la noche
el pescador y su piel
llevan red, llevan anzuelo y más:
llevan deber.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

Pasan las horas, pasan días
y se cuentan por meses.
Y su alegría y su tristeza
la conocen los peces.
De entre sus manos ve venir
cada rincón del porvenir:
el rostro de la novia, la mamá
o el que nació
el mismo día en que él partió.

Entonces jura que ahora sí que va a vivir,
entonces jura que más nunca va a salir,
que esta vez sí es la última en el mar.
Y pasa el tiempo y no ve el día de volver.
Y pasa el tiempo entre peligros, sin mujer.
Y pasa el tiempo que no deja respirar.

Pero la tierra se acaba
cuando vuelve el pescador,
por eso regresa siempre al mar,
su gran amor.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

Y va de océano en océano
con su anzuelo, con su red.
Caiga el rayo o sople el viento, allí es
donde se ve.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

Nadie sabe cómo sueña,
cómo sueña un pescador:
cada vez que cobra presa, allí
viene su amor.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

El pescador lleva a bordo
una palma y un amor.
El amor lo hala del fondo, la palma
del corazón.

Boga, boga, boga,
vuelve a bogar.
Boga, boga, boga,
a trabajar.

 
Hombrediablo
 

Hombrediablo es mi amigo más genial,
Hombrediablo es más que sensacional:
bebedor,
bravucón
y además seductor.

Conocí al Hombrediablo en la niñez,
cuando aún yo no tomaba ni café.
Él ya entonces andaba a su sazón,
tenía citas y hacía alardes de matón.

Tenía mujer
y yo tenía que estudiar;
tenía mujer
y yo tareas que acabar.
El crecía en el barrio de Colón
y yo en medio del Dante y Platón.

Siempre admiré
su situación frente al amor;
siempre admiré
sus puñetazos al mentón.
Hombrediablo es mi amigo más genial,
Hombrediablo es más que sensacional.

Hombrediablo hace apuestas en alcohol,
siempre gana porfía el bebedor.
No se deja atrapar por un amor
porque vive a la salva de su honor.

Se ve muy bien
con su tupé, con su dril cien;
se ve muy bien
con su bigote a lo francés.
Los domingos se va al cine en procesión
con su novia, que espera en un sillón.

Se ve muy bien
aunque está madurito ya;
se ve muy bien:
siempre ha sabido no sudar.
Hombrediablo es mi amigo más genial,
Hombrediablo es más que sensacional.

Cuando a veces nos vemos por ahí,
me aconseja que me lance a vivir;
me da el número de alguna mujer,
porque a un socio él le sabe resolver.

Me cuenta así
sus aventuras de Don Juan;
me cuenta así
mientras mi envidia crece más.
Siempre huele a lavanda o a mentol
y se pule las uñas con alcohol.

Me dice adiós.
Yo me conmuevo al verlo ir.
Me dice adiós
y siempre pienso "eso es vivir".
Hombrediablo es mi amigo más genial,
Hombrediablo es más que sensacional.

 
Puedes matarme, si lo prefieres
 

Me empieza a incomodar
que te lamentes como si fueras
un pajarito abandonado
a la merced de mí.
me empieza a incomodar
que lloriquees irremediable.
El que te vea va a pensar que te asesinan.

Sé que te estoy destrozando,
sé que te estoy extinguiendo tanto
que tu tamaño ya no se ve;
sé que en un dedal ya bailarías,
que en una simple gota de agua
podrías ahogarte.
Ya sé todo eso.
No me lo tienes que decir, no.

Así le decía mi impulso
a mi inteligencia
una mañana de cualquier día,
de cualquier mes.
Era una conversación chistosa,
como ven,
como de fábula muy camp.
Qué bobería, dirán ustedes,
pero no me lo tienen que decir: ya lo sé.

Ya me molestan tus griticos,
tu poesía, tus alimañas,
ya me molestan tus pasiones
retorcijadas, inexpugnables.
Ya me molesta tu equilibrio
de pacotilla, rabiando siempre.
Ahora yo cojo la batuta
y sigo piano piano piano.
Si no te gusta, no me llores.
Puedes matarme, si lo prefieres.

Sé que estás inconsolable,
sé que te haces la tragedia griega,
sé que te lloras a tí, no a mí.
No te voy a dar ningún pañuelo
porque enseguida pides otro
y luego otro.
Ya sé todo eso.
No me lo tienes que decir, pero no.

Así le decía mi impulso
a mi inteligencia
una mañana de cualquier día,
de cualquier mes.
Era una conversación chistosa,
como ven,
como de fábula muy camp.
Que bobería, dirán ustedes,
pero no me lo tienen que decir: ya lo sé.

Ahora me toca desquitarme,
regocijarme, alimentarme.
Ahora me toca coger fresco,
tomar helado, guardar silencio.
Ahora me toca la guitarra,
las armonías, las mentiritas.
Ahora yo cojo la batuta
y sigo piano piano piano.
Si no te gusta, no me llores.
Puedes matarme, si lo prefieres.

 
Suave niña
 

Suave niña,
mía desde que lo que sueño es tu verdad,
tu presencia es irrompible por su suavidad.
Suave niña
de anatomía que es capaz de asesinar,
parte tu deseo en dos y dame una mitad.

Mi suave niña de memoria,
estás durmiendo en mi tacto;
mi suave niña de memoria,
estás rompiéndome las sienes;
mi suave niña de memoria,
estás llevándome por una carretera larga,
como a un aro de rodar.

Oh, suave niña, suave niña;
niña suave y mía.

Suave niña,
estoy buscando nuevos nombres para tí:
ya he gastado todos los susurros que aprendí.
Suave niña,
me has convertido en un objeto de colgar:
soy una repisa en tus salones de cristal.

Mi suave niña de memoria,
estás sirviendo de alcancía;
mi suave niña de memoria,
estás guardando mis tesoros;
mi suave niña de memoria,
estás ardiendo entre mis manos invisibles
que recorren, ambiciosas, tu espejismo.

Oh, suave niña, suave niña;
niña suave y mía.

Suave niña,
podrás no recordarme en todo un día feliz,
pero sé que soy inevitable al dormir.
Suave niña,
niña de suave melodía con que amar,
suavemente suave, niña de mi suavidad.

Oh, suave niña, suave niña;
niña suave y mía.

 
Navegando hacia el este
 

Navegando hacia el Este está
la ciudad de lso recuerdos,
rara población de oscuridad.
Navegando hacia el Este está
su perfil de joyería,
con una trastienda de cartón

Yendo hacia el Este
llegué peregrinando,
llegué palideciendo.
Yendo hacia el Este
crucé su umbral silbando,
crucé su umbral oyendo.
Y así, silvestres,
aparecieron cien mil visiones
en las esquinas,
en las tabernas,
en las mujeres,
como guardianes desiertos.

Navegando hacia el Este está
la ciudad de cien cabezas
y en cada cabeza estaba yo.
Navegando hacia el Este está
su gobierno de colores,
aunque el arcoiris no va a Dios.

Yendo hacia el Este puede verse
el país de nunca jamás.
Allí los hombres nunca llegan a niños,
se mueren al nacer.
Ciudad de trampas
y cacerías muy silenciosas.
Ciudad fantasma
de perros grises y manos muertas.
Ciudad con sangre de cruces.

Navegando hacia el Este está
la ciudad de un camino
que parte y regresa siempre atrás.
Navegando hacia el Este está
la ciudad de la locura,
como un alarido de dolor.

 
Has sido echado
 

Has sido echado del cuerpo a patadas,
cuando más cerca te hallabas en reposo.
Has sido echado del abrazo a patadas,
cuando el calor comenzaba
a resultarte mejor.
Has sido echado del techo a patadas,
cuando empezaba a servirte para el frío.
Has sido echado de la calle a patadas,
cuando empezó a ser abrigo
el frío colgando del sol.

Has sido echado del polvo una vez
y al polvo vuelves más tarde.
Vas repartido en miserias de animal
y en ciertas risas también.
Así, de cerca, pareces un señor
con una altura de mito,
pero mirando de lejos puedo ver
que hay nubes entre tus pies.

Has sido echado de todos los sitios,
cuando este mundo comenzaba a contraerte.
Has sido echado del mundo a patadas,
a golpes suaves de vida,
a caricias de amor.
Ahora te echas de ti a patadas,
pegas tan fuerte que vuelas de ti mismo.
Guardemos pues la carrera de bala,
que mientras te estén echando
no va a parar la función.

 
El rey de las flores
 

Al Rey de las Flores lo conocí
por la tarde, hace algún tiempo.
Me llamó la atención su tono
de arcoiris en la piel
y su corona de papel.

El Rey de las Flores tiene su pueblo
en un bosque muy remoto,
dos pulgadas detrás del sol.
Cada inquilino en una flor
y en cada piso está el amor.

El Rey de las Flores tiene lagartos
que cantan de salto en salto;
tiene batallones de abejas chiquitas
y arañas, babosas y aves bonitas.

El Rey de las Flores trabaja y trabaja,
su pueblo también trabaja.
Derrumba los bosques de hierba, tan altos.
Navega en los charcos de agua del campo.

El Rey de las Flores tiene
sus fábricas dentro de la tierra.
Cada obrero hace una flor
que en primavera crecerá;
si no, una mosca los lloverá.

Sobre los floridos campos
del Rey de las Flores veo a mi hijo
y llamándolo hay una voz:
quedó partido en dos mitades
por una bomba que cayó.

 
Palabras
 

Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento,
cuando venga del polvo la ciudad destruida,
que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto,
que alguien diga algún verso a su espacio de vida.

Puede ser
que sus restos no se distingan en la ciudad,
que la perfección de la piedra no luzca piel.
Puede ser que su sangre no mueva una astronave,
puede ser que sus huesos no sirvan para torres,
puede ser que una estrella brille más que su voz.
Ha pasado que el llanto se convierte en palabras,
ha pasado que un hombre se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

Cuando la muerte sea incanzable y rara,
cuando un mohoso grillete repose en la vitrina,
que se dé a cada hijo una flor y una bala,
que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.

Se sabrá
que este ir y venir de piedras no se quedó,
que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad.
Fijaremos con clavos las ventana, los sueños,
los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo,
las guitarras, las sillas, las piedras y el amor.
Porque ha pasado que historia se convierte en palabras,
ha pasado que el mundo se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

 
El matador
 

Siento un hilo profundo
que atraviesa el espacio
-de tiempo en tiempo llega
despacio-.
Siento olor de llanuras
llenas de peregrinos
-la llanura se llama
camino-.

Siento de pronto el gusto
de un raro mineral,
me siento a veces hombre
y muchas animal.
Se confunde el deseo
de calentar la piel
con rugidos lejanos
que recuerdan mujer.

Y en una playa angosta caen del cielo
estas reminiscencias de veneno.
Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo
muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.

Le he cantado a la muerte
como nadie con vida,
mas yo dijera siempre:
querida.
Junto a cada palabra
hay cuerpos de millones
y los maté yo mismo:
perdonen.

A veces se me olvida
que mato por vivir
y olvido los entierros
y no quiero dormir.
El día que me acusen
no me defenderé:
esta culpa es muy vieja, de todos la heredé.

Y en una playa angosta caen del cielo
estas reminiscencias de veneno.
Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo
muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.

(1970)

 
Cuando me muera
 

Cuando me muera, si es que me muero, pueden cerrar la luz.
Si aún es necesario, bájenme a buena tierra -sin cruz-,
para seguir teniendo la misma suerte con menos sed,
para ver los amigos que hace algún tiempo quisiera ver.

Cuando me muera, si es que me muero, pueden jugar así:
que alguien me haga cosquillas a ver si lo puedo resistir.
Otro puede inventar que me gustaría una canción,
y la mujer que quiera, que juegue a hacerse la que me amó.

Cuando me muera, si es que me muero,
no iré con Dios ni con Satán.
Me iré conmigo a buscar más cosas a otro lugar,
pues tanto el cielo como el infierno me sientan mal.

Cuando me muera, si es que me muero, déjenme como éste:
mejor que no me vistan ni me afeiten para después.
Es muy posible que ande con un mecánico de ocasión,
un caja de fósforos ya vacía y una canción.

Cuando me muera, si es que me muero y estoy con todos bien,
si ando muy complaciente, cebado y con algo que perder,
hagan lo que les plazca con lo que quede entonces de mí,
porque no me interesa lo que le pase a un señor así.

Cuando me muera, si es que me muero,
no iré con Dios ni con Satán.
Me iré conmigo a buscar más cosas a otro lugar,
pues tanto el cielo como el infierno me sientan mal.

 
Y yo te di una flor
 

Tú me ofendiste profundo y yo
te di una flor
tú me escupiste el rostro y yo
te di una flor
tú me amarraste las manos y yo
te di una flor
tú me pateaste el pecho y yo
te di una flor
tú me arrojaste al fuego y yo
te di una flor
tú esparciste mis cenizas y yo
te di una flor
te di una flor colorada y brillante
te di una flor para siempre encendida
te di una flor te di una flor te di una flor
te di una flor radiactiva

tú te burlaste de todo y yo
te di una flor
tú exterminaste mis hijos y yo
te di una flor
tú me borraste hasta el nombre y yo
te di una flor
tú silenciaste mi rastro y yo
te di una flor
tú me redujiste a nada y yo
te di una flor
tú respiraste apacible y yo
te di una flor
te di una flor colorada y brillante
te di una flor para siempre encendida
te di una flor te di una flor te di una flor
te di una flor radactiva.

 

En 226 páginas se reúnen 62 canciones ?textos y partituras? concebidas a bordo de las naves Playa Girón y Océano Pacífico entre el 26 de septiembre de 1969 y el 28 de enero de 1970. En aquella travesía de cuatro meses y dos días, en uno de los cuales cumplió 23 años de edad, el popular cantautor cubano, además de aprender rudimentos de navegación y otro tanto de técnicas de pesca, escribió un cuadernillo de poemas, alguna narración, estas Canciones del mar que ahora aparecen en cuerpo de libro, y leyó poco más de treinta títulos, "desde La Amortajada, de María Luisa Bombal, hasta un Cien años de soledad, que saboreaba por tercera vez"